Javier Milei calló sobre Brasil desde que Lula ganó el balotaje. Flávio Bolsonaro llenó ese silencio. Al agradecer al mandatario argentino en su carta abierta, el excandidato del Partido Liberal (PL) dejó entrever que la Casa Rosada colaboró en el operativo que le permitió salir de su país, a pesar de la prohibición judicial que pesaba sobre él.
La Argentina tuvo un rol clave en el “Operativo Bolsonaro”. No solo porque organismos nacionales agilizaron y facilitaron los movimientos y los trámites del excandidato y su familia en la zona de frontera, sino también porque existió una estrecha colaboración con el marco que los Estados Unidos le quisieron dar a todo el plan: lejos de haber una operación comando de las fuerzas estadounidenses para extraer a Bolsonaro de territorio brasileño, Flávio se valió de recursos particulares -un traslado terrestre y un jet privado- para volar hasta Opa-Locka, en Florida.
Los Bolsonaro se trasladaron en una aeronave con matrícula “Lima-Victor” (LV), el prefijo de nacionalidad argentino para la identificación de aviones de uso civil y comercial. Eso ayudó a dar la apariencia de que Bolsonaro y su familia se valieron por sus propios medios y sin aportes materiales de los gobiernos aliados, pese a que claramente hubo colaboración imprescindible y discreta de organismos oficiales estadounidenses y argentinos.
La administración de Donald Trump quedó posicionada únicamente como abriendo las puertas y dando cobijo. La empresa aérea elegida también hizo su parte en ese sentido, al no operar aviones con matrícula “November”, asignada a los norteamericanos.
“Le dimos un salvoconducto para entrar al país, así que veremos… pero no me involucraré. Fue una elección muy extraña. No tomé una posición en la elección, pero cuando veo algo que es inapropiado, lo menciono”, dijo Donald Trump. En otras palabras: ayudé a Bolsonaro a ingresar a mi país sano y salvo, aboné la idea de que la elección fue “amañada”, pero por ahora no desconoceré la legitimidad de Lula.
Milei, en cambio, permaneció callado. Optó por ningunear el triunfo de Lula, fingiendo demencia incluso en la reunión de Gabinete frente a los mismos ministros que lo habían visto festejar su influencia mundial tras la primera vuelta en Brasil.
La otra evidencia del aval de Milei al “Operativo Bolsonaro” fue la presencia de Santiago Caputo en Puerto Iguazú, que acumuló evidencias (entre otras, un supuesto retén policial al auto en el que se trasladaba), pese a que en la Casa Rosada nunca lo confirmó. Hay versiones que indican que el asesor presidencial incluso despidió a Flávio una vez que estuvo a bordo del Gulfstream G400 matrícula LV-JQW de Baires Fly, la aeronave que —tal como anticipó Infobae— permaneció en la terminal local a la espera de la familia Bolsonaro por más de 24 horas.
El avión que permaneció un día en Puerto Iguazú
La línea directa que el asesor presidencial —y supervisor político de la SIDE— profundizó con Washington y los lazos de amistad entre los referentes de Las Fuerzas del Cielo con Eduardo Bolsonaro (radicado en Dallas) y con otros referentes jóvenes del PL brasileño fueron claves para aceitar las comunicaciones durante el itinerario.
El despliegue incluyó un plan B por si la vía de Puerto Iguazú fallaba y un operativo mundial de desinformación. Los principales medios de comunicación internacionales publicaron que Flávio y su familia ya se encontraban en Estados Unidos cuando todavía no habían dejado Brasil.
El despliegue fue de película, aunque en todo el trayecto no medió una persecución policial de parte de las fuerzas brasileñas, ni hubo un freno en la frontera de salida de Foz do Iguaçu, del lado brasileño, antes de que Flávio ingresara a la zona franca. Tampoco sonó ninguna alerta internacional: Bolsonaro atravesó el paso fronterizo por el puente internacional Tancredo Neves e ingresó sin sobresaltos a la Argentina con su pasaporte italiano, mientras que su familia lo hizo con sus documentos de identidad.